22/01/2022 La Nación - Nota - Sup. Campo - Pag. 6

Indicadores para evitar el estrés calórico que padecen los vacunos
Aníbal Fernández Mayer

Los vacunos (carne o leche) comienzan a experimentar algún tipo de estrés por calor cuando se presentan varios parámetros adversos, en forma simultánea: temperatura ambiental superior a los 26-28°C, humedad relativa mayor del 50% y velocidad del viento menor a cinco kilómetros por hora. En el índice de temperatura y humedad (ITH) se sintetizan dos de los tres parámetros citados que afectan al bienestar animal.
En la actualidad este índice se utiliza para determinar el grado de estrés calórico que puede estar expuesto el ganado bovino, y su correlato en la producción lechera, de carne y su eficiencia reproductiva. En general los expertos han determinado que con un índice IHT inferior a 72 el “ganado lechero” no experimenta estrés. Si el IHT se entre 72.1 y 78 el estrés es moderado , valores IHT de entre 78.1 y 88 por un estrés grave y más de 88.1 hay peligro de muerte.
La que se considera como “zona de confort” comprende temperaturas, en vacunos de carne, entre 7 a 26°C; para las vacas lecheras, entre 5 a 21°C. La zona de confort se caracteriza porque los animales alcanzan el máximo comportamiento productivo y reproductivo, siempre que la dieta esté balanceada (energía-proteína) y se suministre adecuadamente en cantidad y calidad.
La zona del confort para los

vacunos se alcanza, además de las temperaturas citadas, cuando la humedad relativa oscila entre 10 a 50 % y la velocidad del viento varía entre cinco y ocho km/h. Tanto por debajo como por arriba de esos valores, el animal no alcanza el mejor estatus productivo y reproductivo.
Hay cuatro formas principales por las cuales los vacunos pierden calor: • Por radiación: es la eliminación del calor en forma de radiación infrarroja desde la piel al ambiente. Para que ello ocurra, tiene que haber un gradiente de temperatura, mayor en la piel y menor en el entorno del animal (10-15 mm de espesor sobre la piel).
•Por convección: por el movimiento del aire.
•Por conducción: el calor pasa de un sistema más cálido a otro más frío, por contacto. Así se difunde el calor desde el interior de la vaca hacia la piel.
•Por evaporación: cuando se evapora el agua de traspiración y la humedad de las mucosas externas. El pasaje de agua del estado líquido a vapor utiliza energía calórica del ambiente enfriando algunos milímetros a nivel de la piel del animal. Justamente, la sombra (natural o artificial), los ventiladores y la aspersión con finas gotas de agua (tipo llovizna), que utilizan muchos tambos ubicados en zonas muy cálidas, buscan incrementar las pérdidas de

calor del animal al ambiente.
Si bien los vacunos tienen glándulas sudoríparas para eliminar el calor, a través de la transpiración (enfriamiento evaporativo), lo hacen de una forma escasa (profusa), muy diferente a lo que ocurre con los caballos.
A su vez, hay indicadores de estrés por calor que interactúan entre sí en un ambiente con alta temperatura y humedad. Estos son: •Frecuencia respiratoria: la frecuencia normal varía entre 26 a 50 respiraciones (jadeos/ minuto). Sin embargo, bajo estrés térmico puede variar entre 65 a 120 respiraciones (jadeos/ minuto).
•Temperatura rectal: la temperatura normal varía entre 36.5 a 37.5°C y en ambientes estresantes puede superar los 39°C.
•Consumo de materia seca (MS): con alta temperatura y humedad, los consumos de MS se reducen más del 20%, pudiendo superar el 50% ante situaciones extremas (+35°C de temperatura y +70% de humedad).
•Efectos sobre la producción: en ambientes estresantes la pérdida de producción (carne o leche) supera el 10%; puede llegar en casos extremos a caídas mayor del 50% (regiones tropicales y subtropicales). El efecto de la alta temperatura y humedad relativa en estas regiones se suma a la menor

calidad de los forrajes frescos (mayores niveles de fibra con menor digestibilidad y bajos contenidos proteicos).
Además, hay efectos sobre indicadores reproductivos producto del estrés térmico. Al respecto, se ha observado una reducción de la duración de los celos durante las horas de mayor temperatura.
Una mayor frecuencia de celos durante la noche. y una menor detección de celos. En el estado de Florida (EE.UU.) se observó un 82% de celos “no detectados” en verano respecto al invierno. La aparición de un alto porcentaje de celos nocturnos y la ausencia de otra cantidad de los mismos por efecto de las altas temperaturas y humedad producen “fallas” en la detección de los celos, afectando la eficiencia reproductiva y productiva.
También hay una menor tasa de concepción. En la cuenca lechera de Santa Fe, se encontró una disminución de más del 15% de la tasa de concepción en verano respecto a la primavera. Además, en un estudio realizado en Israel1 con vacas lecheras de alta producción (12 a 15.000 kg de leche/ vaca/lac- tancia), en los meses del verano con temperaturas superiores a los 40°C, se vieron afectados un conjunto parámetros reproductivos.*


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